El trabajo de Nathalie se coloca en el interstico entre lo virtual y lo visual. La obra refleja y refracta el poder de la naturaleza de la imagen, a través de procesos electrónicos y manuales, en relación a la memoria y a la representación.

Si Nathalie proviene de la práctica de la pintura, ha preservado de ella la noción de insistencia, la convicción de que una tarea no es tan significativa por su efecto, sino por la forma de como este se convierte en un modo de vida o un hábito.

Todo esto se traduce en una serie de obras marcadas por un sentido de crónica que vierte en su propia textura el trabajo acumulado en forma de una colección de momentos o fragmentos, que postulan a objetos visuales y conceptuales, que aluden a una experiencia inabarcable.